septiembre 22, 2006

Sobre el ajo...

 
 
 
 

 

 
 
 
El ajo, desde que tengo uso de razón, no ha faltado en la mesa de mi casa. Siendo muy pequeña, cuando sentía un pedacito de ajo en mi boca dejaba de comer inmediatamente, sin importarme los pleitos de mi mamá y sin dejarme engañar por ella cuando me decía que era una papita.
 
La sensación del ajo en mi boca era muy desagradable. Cuando me casé el ajo comenzó a formar parte de mi vida culinaria dentro del hogar, mi esposo me enseñó a cocinar usándolo como elemento aliado y hoy no puedo dejar de reconocer que su gusto es muy placentero y no falta en mi comida.
 
Desde la antigüedad se le ha conferido al ajo virtudes medicinales, afrodisíacas y mágicas, es quizás el remedio natural con mayores propiedades efectivas y uno de los más comentados en ambientes sociales y de salud.

Del ajo se dice que incrementa las defensas del organismo, mejora nuestra respuesta a bacterias y virus, que si le damos un uso tópico es extraordinario antiséptico, que es amigo de los hipertensos y además que ayuda a combatir el estrés y la depresión. Se usa para eliminar los parásitos. En Grecia o Roma, se consideró un potente afrodisíaco y en la época medieval se usó para librarse de brujas y los malos espíritus.

Dicen los astrólogos, que es considerado un elemento de fuego, ideal como amuleto para deshacernos del mal de ojo y las malas lenguas, malos espíritus y de habladores, de las malas influencias y de los malos caminos, ideal contra los pesimistas. Es importante señalar que para que el ajo surta efecto se debe consumir crudo, como dice el refrán “ ajo cocido, ajo perdido”.
Yo sigo usándolo en mis comidas y por si las moscas ando con una cabeza de ajo en mi cartera para evitar que los dráculas sociales me chupen la sangre, se roben mi alma y me dejen sin iniciativas.

Turismo Comunitario con Equidad de Género





El nombre suena hermoso, casi poesía, es sinónimo de unidad, deseos de superación y preservación de la naturaleza a través de desarrollar un turismo rural o más bien comunitario. El proyecto cuenta con dos protagonistas, uno humano y otro natural; los habitantes de Los Calabazos Abajo y el río Yaque.

El Sonido del Yaque es un proyecto ecológico, ubicado en el kilómetro 10.5 de la carretera que va desde Jarabacoa a Manabao, en una pendiente que coloca a la comunidad entre el río y la loma. Surge en 1977 por la iniciativa de un grupo de mujeres y hombres que entendieron que su tierra era presente y futuro, por lo que decidieron entenderla y trabajarla, disfrutarla y cuidarla. Este proyecto está dirigido por Alfonso Abreu, presidente de la Junta Yaque para el Desarrollo Sostenible del Yaque y doña Esperanza Marte, presidenta del Club de Madres de la Nueva Esperanza, quienes con su gestión procuran aumentar la calidad de vida de la comunidad y han convertido el Sonido del Yaque en un ejemplo de Turismo Comunitario con Equidad de Género en la República Dominicana. Ellos mismos nos cuentan que a finales de los años 90 se vieron en la necesidad de dejar la cultura tradicional por los nuevos lineamientos que dictaban los tiempos: “dejamos el conuquismo y pasamos al ecoturismo “, nos dijo el señor Abreu.
Han recibido apoyo de organismos nacionales e internacionales como las Naciones Unidas y Plan Nagua (canadiense). Con estas instituciones también lograron los recursos para construir su propia planta hidroeléctrica, es decir, los Calabazos tienen luz propia o como ellos dicen “tenemos energía alternativa”; este trabajo lo realizaron formando grupos de tres dirigidos por las mujeres. Ya con luz, se organizan para iniciar el proyecto de la construcción del restaurante El Sonido del Yaque, el cual ofrece desayuno, almuerzo y cena (comidas criollas) elaboradas por las mujeres de la comunidad). Luego obtienen recursos para construir cinco cabañas de dos habitaciones cada una, lo que les permite alojar ocho personas en cada una, además de que permiten que los visitantes puedan acampar en casas de campaña dentro de la comunidad.

Actualmente el proyecto recibe visitantes canadienses, alemanes, franceses y dominicanos. Los beneficios que generan llegan a las familias, por lo que cuentan con la participación de todos a la hora de repartirse el trabajo. Además, cada familia tiene el compromiso de velar por los hijos e hijas de los demás vecinos. Se resalta el hecho de que viven en un ambiente seguro.

ALGO MÁS

Tanto Alfonso como doña Esperanza han viajado a Francia y Canadá para capacitarse sobre temas de medio ambiente y recursos naturales; ambos expresaron su agradecimiento a Bolívar Troncoso, quién fue la persona que les ayudó a encaminarse por el mundo del ecoturismo, de lo cual no se arrepienten. Coinciden en decir que el trabajo ha sido arduo y sacrificado, pero que ha valido la pena por la calidad de vida de los 320 habitantes de la comunidad, que pasaron de casas de madera, zinc y cartón, a casas de blocks y cemento, tienen luz y tienen el Yaque, gozan de un clima privilegiado y comparten el turismo con la agricultura. Sin pérdida de tiempo ya están trabajando en nuevos planes de ampliación, mejora y recaudación de fondos para desarrollar los nuevos proyectos a corto y mediano plazo, donde los senderos, el área de parqueo y cinco nuevas cabañas o ecoalojamientos tienen primacía. El Sonido del Yaque es singular, motiva al elogio, a la visita y sobre todo a valorar nuestros campos y a las mujeres y hombres que se mantienen en el trabajándolo.