agosto 25, 2006

Pequeños Montículos

No recuerdo exactamente a que edad se inició el proceso, pero sí recuerdo mi ansiedad frente al espejo para ver si habían aumentado. Hablo de mis senos, los que siempre me han llenado de orgullo y por los que hoy puedo decir, que gozo de una postura envidiable (¡¡me encantaba verlos erguidos!!) 

El proceso de crecimiento de mis pechos fue para mi espectacular, yo los vivía acechando, los vigilaba en cada cambio que tenían, en cada sensación que experimentaban y claro me sentía feliz, coqueta y vanidosa cuando notaba que un vestido o blusa en particular los resaltaba. ah ¡! y cuando mi tía Tata me dijo: “Te están creciendo las teticas...” yo no sabía si llorar de la vergüenza o correr ante el espejo a ver si era cierto.

Confieso ser una mujer orgullosa de mis senos, desde que eran pequeños montículos, hasta que se convirtieron en hermosas montañas diseñadas para amamantar, lo que sin proponérselo también inducen a elevar la fantasía sexual masculina. Hoy veo con satisfacción como su forma ligeramente decae anunciando lo bien que han vivido. Entonces, ¿ Como profanarlos en un quirófano para cambiarles su forma? ¿ Como someterlos a una firmeza que ya no es suya, a un tamaño al que ellos no están acostumbrados?. No, mis mamas siguen jugando su papel con gallardía, son conscientes de que las lleva una mujer que las respeta y las muestra con dignidad y orgullo.

Con mucho pesar veo como nosotras vivimos negando lo que somos, aplaudidas por la sociedad y el consumismo y nos movemos dentro de un mundo en el que prima la “imagen perfecta”, entendiendo por esta el desvirtuar la propia forma física por asuntos de vanidad y supuestamente en favor de la autoestima, llevándonos de encuentro el rastro familiar. Al paso en que vamos, de cuchilla en cuchilla, terminaremos desconociéndonos a nosotras mismas y negando en cada corte nuestra esencia humana ¡Que lástima!
Que Dios nos perdone.