julio 04, 2006

En ti, no confío…


 

 

 
 
 
Sentada frente a ti, en tu sala de arena la cual me ofreces con fina cortesía, pretendo describirte, sin dudas y sin temores. Frente a ti, para ver tus ojos azules que hipnotizan y con la firme pretensión de llegar al fondo de tu ser, pero no pretendo entrar en ti; acaso, tocarte. Temo que en un intento mío de poseerte, quede yo poseída.


Hijo de un Dios, eres Dios; material y placenteramente visible; como parte del universo eres todo movimiento y rítmica comunicación; es decir, ¡estas vivo! Y por estar vivo, te confiero un poderío que interactúa en mí, debilitando mi férrea voluntad y mi enorme deseo de poseerte, porque, como celestial eres, sigues las rígidas leyes del movimiento, pero, eres variante en tus acciones. ¡Eres Cambiante! Y por estar vivo, te veo hermosamente humano; con los mismos sentimientos y pasiones del hombre; amor, ira, traición, lujuria...


Tu majestuosidad inquieta mis sentidos y tú lo sabes. Mis ojos se pierden en tu quietud cuando la luna te besa o cuando el sol inicia el proceso de darte calor; me regocijo cuando te veo en las manos de esa luz de mujer o cuando ese hombre ardiente, se inclina ante tu poder. Tu salitre seductor me embriaga y me lleva a ti, buscando la humedad de tu estela varonil, por demás, disfruto a plenitud cuando la brisa toca tus campanas y te hacen replicar atención, cuando escucho esas campanadas me extasío y emociono. ¡Disfrutamos juntos del placer!, como si fuere éste, nuestro único punto de encuentro.¿Sabes? ¡Te amo!, Por tu inmensidad, profundidad y poderío y por lo mismo de ti me alejo, no soporto la idea de que mis brazos no puedan abrazarte con la plenitud que ofrece la confianza.


¡En ti, no confío!