julio 13, 2006

Un ser muy especial...

 
 
 
 

 

 
 
 
Conocí a un ser muy especial, tan especial que queriéndome enamorar - como tan solo un hombre puede enamorar a una mujer, a través de la galantería y la exposición de sus mejores encantos - terminó confesándome su vida de éxitos y hoy de incertidumbre por tan solo dedicarse a trabajar, acumular triunfo profesional y riquezas, postergando el plano familiar y sobre todo a su esposa, no queriendo decir esto que en el plano afectivo no tratara de que otras mujeres jugaran un papel importante, como lo era mi caso en esta ocasión. Me contó que se sentía viejo y bueno para nada, sentía que su matrimonio iba camino a la deriva después de tantos años… además se acercaba a la jubilación.

Este hombre me provocaba una gran ternura, no solo porque me enamoraba sino por su confesión, por lo que me arriesgué a decirle lo que yo pensaba. Le dije que entendía la vida como una forma de expresión de sentimientos que buscaba paz interna y como una extensión de uno con el otro a través de la comunicación de esos sentimientos. Le dije que solo los seres especiales podían hacer sentir emociones como la que el me estaba haciendo sentir a mi, por lo que no lo sentía derrotado sino encantador, finalicé diciéndole que arreglara los entuertos con su esposa y fuera feliz, borrando los fantasmas que suelen proporcionar la vejez.

Les cuento esta historia personal porque muchas veces los seres humanos nos encontramos en situaciones similares buscando compresión y ternura, pero en circunstancias como éstas, por lo regular somos vulnerables, accedemos y terminamos mal, es por ello que debemos interpretar claramente nuestros sentimientos hacia quién nos inspira algún tipo de emoción, escuchar por solidaridad al ser humano que nos necesita es hermoso, pero debemos tratar de no caer en tentaciones momentáneas que nos cargarían de angustias.